Friday, May 12, 2017

Peeping tom (1960)

En los años '60s, contrario a lo que sucede actualmente, donde los 40s son los nuevos 20s, los 20s eran los nuevos 40s. O sea, que aunque las muchachas tuvieran 20 años, se veían como de 40. Chequen a Helen.

Aunque el término "peeping tom" signifique lo mismo que voyeurista, yo siempre lo asocié con "fisgón", y me lo imaginaba espiando por los ojos de las cerraduras. Al voyeurista lo imagino más con unos binoculares, por alguna razón. El caso es lo mismo.

Mark Lewis, en esta historia, es un voyerista que además asesina a las mujeres mientras las filma con su camarita super 8, a la cual ha adaptado un enorme espejo redondo para que ellas mismas se vean en el momento preciso de morir. A él lo que le interesa fisgonear es su cara de terror al saberse a escasos segundos de exhalar su último aliento.

Yo me preguntaba donde podía guardar todas esas cosas durante el día, pues nunca se separaba de su cámara y la respuesta es que usa una gabardina enorme tipo inspector Gadget.

Y esto era cuando nadie ni soñaba con que un día todo mundo grabaría todo el tiempo con sus teléfonos inteligentes. Su excusa para andar grabe y grabe todo el tiempo es que está haciendo un documental. Y gusta tanto de grabar a sus víctimas, como a quienes descubren sus cadáveres. En una de esas por descuido se le caen unas plumas y yo creí que por ahí lo iban a pescar pero no, es por otros motivos...

"I taw I her a puttytat" dice uno de los detectives al escuchar el ruido de los lapiceros al caer, pero nadie ve nada. 

La obsesión de Mark de documentar a sus víctimas nace del resentimiento que tiene hacia su padre, quien fue un famoso sicólogo que lo grababa a él día y noche sometiéndolo a los sustos más increíbles para ver que cara de asustado ponía. Como al quedar huérfano de madre su padre se volvió a casar de inmediato, Mark sintió que ese acto repulsivo debía ser castigado y ahora él se dedicaba a asesinar prostitutas y mujeres sin pudor.

Muy interesante.