Tuesday, January 12, 2016

Saint Ralph (2004)

El pequeño Ralph, como todo adolescente de 14 años, nomás no podía preservar su pureza espiritual. Se la pasaba en el confesionario porque sus calenturas eran constantes. Aquí los que tenían que cuidarse de él eran los sacerdotes. Si cortaba el pasto, se autocomplacía con la vibración de la podadora, si nadaba, fisgoneaba a las mujeres cuando se bañaban y hasta se acomodaba donde estaban los chorros de agua, para que el placer fuera completo. Aunado a eso, eran muchos sus pecados de pensamiento. Por eso, cuando escuchó que fe, pureza y oración son necesarios para producir un milagro, la cosa se le complicó, pues la fé ya la tenía y lo de orar era sencillo, pero, la pureza? Ahí iba a estar lo difícil!

Y es que su vida en el colegio Marista (donde curiosamente ningún adulto le metió mano) no era lo que lo tenía siempre preocupado, sino que su madre había caído en coma tras una larga enfermedad y ahora lo que él necesitaba era precisamente un milagro.

Para mantener su mente ocupada, empezó a correr en el equipo escolar, y su maestro un día dijo que si alguno de ellos ganara en el maratón de Boston sería un milagro equiparable al de los panes y los peces.

Y Ralph, que era del club de los optimistas, dijo, dos y dos son cuatro. Si gano en el maratón y produzco ese milagro, es lo que necesita mi madre para aliviarse!

Pero como los milagros no funcionan así porque Dios no cumple antojos ni endereza jorobados, sus superiores pusieron el grito en el cielo y le prohibieron dos cosas: andar diciendo eso de los milagros intercambiables y correr en el maratón de Boston, por si acaso.

El ya estaba decidido, así que contra todo pronóstico y en peligro de ser enviado a un orfanatorio al morir su madre, no teniendo nada que perder, se la jugó y se fue a Boston. 
No ganó, nadamás para que viéramos que Dios sí existe, pero quedó en segundo lugar, que para él, era más que suficiente. Como premio de consolación, recibió su primer beso de una de sus compañeras y su mamá regresó y dijo su nombre.

Una cosa muy chistosa es cuando la muchachita que a él le gusta, pero que quiere ser monja, le recomienda que para que sus oraciones surtan mejor efecto, las tiene que rezar con las rodillas metidas en un recipiente con alcohol, después de habérselas raspado con una lija. Ouch!