Monday, November 30, 2015

Le petit prince (2015)

''Lo esencial es invisible a simple vista''

Una vez platicando con Martha le dije que me estaba domesticando como a la zorra del principito y ambos nos quedamos con la boca abierta. Ella, porque no sabía de lo que yo hablaba, y yo porque no podía creer que una persona de su edad, no supiera quien es el principito.

Bueno. Esta es la historia del principito contada a la par de la de la niña que lo descubre, gracias a su vecino, un viejecito que clama ser el piloto del añorado cuento. 

El guión se parece a uno que yo escribí hace muchos años para celebrar a la Señorita Cometa, pues también trataba de una niña que descubre unas cintas viejas en formato Beta y a partir de ahí se vuelve fan del personaje y hasta pide un disfraz similar para un desfile escolar. Al final, una extraña mujer se acerca a ella y la niña se toca la mejilla, para ver en la palma de su mano impreso un beso. Como nunca lo pudimos filmar para enviárselo a la Sra Kokonoe, lo recibió como cuaderno de colorear.

En esta historia, la niña vive una existencia muy hermética pues su madre le tiene contado el tiempo hasta cuando va al baño. En su habitación hay un pizarrón donde con imanes, tiene programado de aquí a que cumpla su mayoría de edad, y su sueño es que la acepten en una escuela exclusiva para alumnos superdotados. Como la número 017 se presenta a su examen de admisión pero es rechazada, así que adiós vacaciones, su madre la encerrará durante los dos meses que ella creía tener libres, para que estudie y se prepare mejor.

Pero ahí, contando moneditas de un centavo para guardar en tubitos de un dólar, aparecen, entre piedras y otros objetos insignificantes, las figuritas del cuento del principito, lo que la distrae. Después, gracias a su vecino, quien le envía una página del cuento como avión de papel, es que empieza a interesarse en otra cosa que no sea su rutina. Con el anciano desarrolla una extraña amistad secreta y empieza a adentrarse en la historia del principito, descubriendo en ella todos los elementos que no existen en su propia vida, así que juntos, ella y su nuevo amigo, repararán el viejo avión para ir en busca del pequeño personaje. 

Y bueno, la moraleja es bellísima y no tiene edad, aunque aquí el principito sí crece y cuando por fin lo encuentran ya es todo un hombre, perdido en el laberinto de la rutina que le ha causado su adultez, y ya casi sin imaginación. O sea, llegar a ser adulto no significa que dejemos de soñar o perdamos nuestra ilusión infantil y el deseo de maravillarnos día con día.