Sunday, November 08, 2015

La huella macabra (1963)

Rosa Carmina en una película de vampiros? Si ya había dejado la rumba por sus pistolas, pero queme ne!

Desde que leí en los créditos de entrada que allí andaba la canción que un día reciclara Yuri ''Sí, mijita linda'', paré bien las orejas y si no me pongo buzo se me pasa, pues aparece casi al final y sin letra! 

Otra curiosidad fue ver por espacio de segundos al Sr Erik del Castillo, en lo que el vampiro se cambia la máscara por la de Guillermo Murray y bueno, las curiosidades fueron muchas para no compartirlas aquí.

El conde Brankovan ha regresado de ultratumba a vengarse no de quienes lo metieron a un sarcófago lleno de filosos picos para que muriera como mariposa, sino de sus descendientes, que como no la deben, no la temen.

Para eso, retará a Bugarini a una lucha contra sus secuaces en la que FORZOSAMENTE tendrá que usar máscara. No tanto por ser política de su ring privado, sino porque dicha máscara, al guardar su anonimato, cambiaba también su cuerpo por otro mucho más musculoso. No les fuera a pasar como con Lorena Velázquez en las lobas.

Con una música parecida a la de aquel changuito de pelo de conejo, resortes de alambre y barro que tocaba un tambor, vuela el murciélago carcomido por el croma, Rosa Carmina le da soda de naranja al niño (que en realidad es un enano diabólico) antes de dormir, el conde cae en la celada donde le ponen un cerebro leproso y seguramente desconociendo sus efectos porque es conde, no médico, le entra el pánico y cree estar contagiado. Lástima. La lepra no es como el alzheimer, pero él de todos modos chupó faros. ¿Reencarnará? No creo, porque tampoco practicaba el hinduismo, lo que seguramente hará, será volver a la vida cuando su asistente le consiga otro cuerpo, otras máscaras y otro cerebro y que esto le sirva de experiencia para la próxima y que abra más los ojos.