Sunday, August 02, 2015

Celos (1936)

Celos, celos de sus ojos cuando miran a los tuyos siento celos, celos de los ojos de un amigo, del saludo de un vecino o del forro de tu abrigo... celos, ese dulce sufrimiento que me quema a fuego lento y me hace su enemigo...

Pues sí, por más poéticamente que se describan los celos, siempre serán un sentimiento tan grande que podría ser capaz de provocar crímenes y venganzas.

Y eso le pasó al Dr Armando Torrescano (Soler), quien un día escucha como una chica se queja dolorosamente y se apresta a ayudarla operándola y salvándole la vida.
Ella, deprimida y sombría, se niega a aceptar las atenciones que le ofrece su benefactor, pero al fin termina casándose con él, quizás por gratitud.

Eso la introduce al círculo médico, quienes frecuentemente realizan reuniones y cenas donde conviven fuera del quirófano con sus familias. Lo malo es que eso hace que de pronto aparezca en su vida un joven médico (De Córdova) y como feo no es, Irene gusta de su presencia y compañía mientras Don Armando se muere de celos. 

El, como es médico, sabe que esto es una enfermedad, pero su ética profesional le impide automedicarse. En su afán de alejarla de la tentación, se la lleva al rancho para que no vea a Federico, pero va y se la pone enfrente AL INDIO FERNANDEZ (que aquí está bastante agreste y por lo mismo contrasta con los otros dos de forma bastante erótica).
Ella tiene razón cuando le dice, primero me arrancas de la muerte y ahora tratas de quitarme la vida con tus celos! ¡Estás loco, quítate de mi vista!