Saturday, March 21, 2015

La casa de Bernarda Alba (1982)

En Monterrey había en los 80s un grupo de teatro de puras mujeres, llamado precisamente así, ''puras mujeres''. Por eso, cuando montaron esta obra, les quedó que ni mandada a hacer.

Aquí, como es una adaptación cinematográfica, aparece un hombre, pues el medio invita a que uno vea la razón por la que todas estas mujeres andan vueltas locas.

La película empieza con los funerales del segundo marido de Doña Bernarda, quien, al irla conociendo a ella, suponemos está feliz dondequiera que se encuentre, aunque se trate del infierno.

En su casa, su ama de llaves y la criada hablan de su patrona mientras toman embutidos y garbanzos. Con ellas se encuentra también Doña Josefa, a quien los desvaríos de su edad, la han hecho creer que aún podría casarse a la orilla del mar.

Bernarda, fría y austera hasta en sus sentimientos, fue nombrando a sus hijas seguramente bajo los efectos del estado de ánimo del postparto, pues la hija con su primer marido, se llama Angustias, y las que se acaban de quedar huérfanas de padre en este infierno terrenal de la compañía de su madre son, Magdalena, Amelia (amargosa), Martirio y Adela. Su abuela Josefa, las nombraba seguramente bajo los efectos del hastío (porque ya estaba hasta el copete de ser una prisionera más en el enorme caserón), con apodos que ella misma inventaba: Bernarda, cara de leoparda, Martirio, cara de martirio, Magdalena, cara de hiena, etc.

Angustias, cara de mustia, andaba feliz porque según estaban las cosas, ella sería la primera en abandonar el suplicio de la convivencia con esta loca familia del brazo de su amado, Pepe el Romano, cara de gusano, sólo que mientras los preparativos se llevan a cabo, descubrimos que él tiene un romance secreto con la coyotita cara de vela. ¿Para qué tener una de cuarenta si puede tener dos de veinte, verdad?

Total que el anuncio de Doña Bernarda de que el duelo por el patriarca durará mientras ella viva y durante ese tiempo ninguna saldrá a la calle ni por accidente, las termina de volver locas e inconscientemente utilizan la viril figura de Pepe el romano para lastimarse unas a otras en este nido de víboras que es en lo que se ha convertido la casa, sienten que los celos las corroen y dan inicio a una serie de intrigas que las transformará en sus peores enemigas.