Sunday, March 22, 2015

D. O. A. (1949)

Aunque la historia es ficticia, está basada en un tóxico luminoso real: Iridio fue lo que usaron y no había antídoto.

El problema de Bellows es que sabía demasiado, lo malo es que él no sabía que sabía. O más bien ignoraba que lo que él sabía era considerado peligroso por terceras personas.

La película abre con la escena de Bellows llegando a la jefatura de la policía a denunciar un crimen: el suyo.

Ahí la cosa se pone interesante, pues uno empieza a preguntarse cómo es que dice que lo mataron si sigue vivo?
Y es que todavía no se muere. Le falta poco, pero antes tenía que reportar lo que había pasado en las últimas 24 horas, donde fué víctima de quienes deseaban desaparecer a todo quien hubiese tenido contacto con cierto recibo, pues con él se descubriría un crimen.

Cuando Bellows se empieza a sentir mal, acude al médico y le entregan su diagnóstico, pero para asegurarse, pide una segunda opinión, que resulta idéntica a la primera: le queda menos de una semana de vida. Ahora tendrá que aprovechar el tiempo y descubrir el complot en su contra, o en su caso, a quien le haya dado a beber el veneno...