Monday, December 15, 2014

Las bravuconas (1963)

En el tranquilo pueblo de ''San Tranquilino'' todo era tranquilidad hasta que llegó hasta él el bandido apodado ''bala perdida'', que se madrugaba a todo el que quería y podía.

Uno de los muertos fue Don Valentín Guerra, padre de tres hijos a quienes heredó su fortuna  y su rancho, con la única condición de que fueran tan o más machos de lo que fue él.
Pero los muchachos, que han crecido sin conocerse entre sí, tienen costumbres más bien pacifistas, nunca se han peleado con nadie y lo que menos les interesan son los problemas.

Cuando llegan al pueblo piden en el bar leche, limonada y malteada de tutti fruti y les dicen que ahí sólo sirven bebidas para machos.
-Pues nosotros somos hombres, no machos.
-Pues aquí a esos, los colgamos!!

En eso llegan las delicias, tres mujeres empistoladas que los reclaman como suyos pero que después los rechazan porque se enteran de que ellos no son bravucones y les dicen: Cobardes, farsantes, y nosotras que creíamos que ustedes eran tan hombres como nosotras! Lárguense! Cobardes!! Ellos las llaman marimachos y ellas ''cacha granizo'', y así se la pasan.

Total, que para poder vengarse de ellos, bala perdida secuestra a las mujeres y los Guerra van y las rescatan y colorín colorado, aquí nada ha pasado!

Estas son las cartas (con dibujitos intercalados) que dejó Don Valentín antes de morir a sus tres hijos:

Mi querido hijo Pancho (el tendero), es mi última voluntad que mi fortuna sea para tí y para tus hermanos Raúl y Bernabé.
Tú no los conoces. Yo tampoco. Pero estoy seguro que deben ser como tú, temibles por su valor y por su arrojo, de los que les cuentan los pelos al diablo y escupen lumbre por un colmillo, como hijo de Valentín Guerra que es, jajaja!
Te encargo que si me matan a la malagueña, vengas a vengarme, acabando con toda la maldecida especie del que me de en la torre.
Siendo tan macho, como seguramente eres, qué te duran esa bola de malandrines y coyones.
Al sitio donde vaya, te reservaré un lugar, tu padre, Valentín Guerra.

Mi querido hijo Raúl (sacerdote), si hay en el mundo un hombre entre los hombres y un macho entre los machos, ese eres tú.
Ese es el orgullo que me llevaré el día en que algún desventurado me da en la ma... en la maceta.
Si eso sucediera, ya sabes lo que tienes que hacer, buscar al hijo desobediente que me hubiera quemado despachándolo después por la vía más rápida al otro mundo.
Luego, con tus hermanos Pancho y Bernabé, que deben ser otros tigres como tú, vienen a tomar posesión de la herencia que les dejo.
Dinero, la hacienda ''los gavilanes'' y un nombre que hace temblar a los más bragados de la comarca. Tu padre, VG

Bernabé (maestro), hijo mío, me llena de satisfacción pensar que tengo un hijo como tú,
ante el cual tiemblan los más machos del lugar donde vivas. No necesito romperme mucho la cabeza para imaginarme que Don Juan Tenorio y Don Luis Mejía vienen a resultar unos pobres desgraciados a tu lado.
Por lo tanto, si alguna vez alguien tiene la ocurrencia de quebrarme, te confío desde ahora la honrosa comisión de que les des en la chapa del alma a los que hayan tenido la suerte de madrugarme.
Mi fortuna, así como el rancho ''los gavilanes'', es pa tí y pa tus hermanos Raúl y Pancho.
Tu padre, VG

Con su parte de la herencia, uno abre una tienda, otro abre una escuela y el otro invierte en una iglesia, que desde entonces ya eran muy buen negocio. Y después de nueve meses en San Tranquilino, en lugar de 2580 habitantes, había 2583!!