Sunday, November 09, 2014

The blue bird (1976)

¡Quién sabe cual será la razón por la que esta historia gusta tanto a los directores de cine, que ya la han hecho al derecho y al revés en casi 10 versiones!

Esta es una coproducción entre Rusia y EUA y la verdad que aunque no se le comparara con ninguna de las otras, no salía bien librada.

Cada una tiene su encanto y el de esta, radica en los números de baile, porque en lo demás, aunque aquí ande Elizabeth Taylor, Jane Fonda y Cicely Tyson con unos vestuarios muy fantasiosos, nadie le cree a la Sra Taylor que sea ella quien canta.

Ella hace de madre, hada, bruja y personificación del amor maternal.
Mytyl y Tyltyl son unos niños que hacen cosas que a su madre desagradan, como todos los demás. Un día en que se van más allá del puente y regresan remojados, ella se molesta y los manda a la cama sin cenar (de todos modos, el engrudo que después le sirvió al padre se veía muy poco apetecible).
Entonces los niños sueñan que se les aparece una anciana que les pide el pájaro que tiene el niño en una jaula. Como él se niega, ella se transforma en una hada (Taylor) que le obsequia al niño un sombrero mágico con un diamante en la copa y que al girarlo, descubrirá el alma de las cosas. Y rápido que aparece el alma del fuego, después la del agua, el pan, la leche, el azúcar, el perro y la gata!

Y juntos salen al patio pues el hada los ha enviado a buscar al pájaro azul, que les dará la felicidad. Los niños primero van a buscarlo al pasado, donde visitan a sus abuelos, después van todos a buscarlo al reino de la noche (Fonda) y después al reino del lujo (Gardner).

Total que en ninguna parte está y al final van al futuro, donde está el padre tiempo con todos los niños que un día nacerán en la tierra, y allí conocen al que será su hermanito.

Cuando despiertan y le cuentan todo eso a su mamá, ella no les da importancia, pues cree que todo es producto del estómago vacío por haberse dormido sin cenar!!

Se me andaba olvidando el dichoso pájaro, que al final descubren que estuvo con ellos todo el tiempo! Sí, porque ese pájaro anida en nuestros corazones, es cosa de saberlo encontrar. La felicidad muchas veces no está donde la imaginamos, sino en el lugar menos pensado.